“Hoy en día la alegría es revolucionaria”, Marinah

Date : 6 November, 2016

Conversamos con Marinah, excantante de Ojos de Brujo en su paso por el TEM con el espectáculo “Sintonías” junto al guitarrista flamenco Chicuelo

Marinha, Ojos de brujo, Teatre El Musical, TEM

Encontramos a Marina Abad (Marinah o Marina “la canillas”) en un camerino de la primera planta del Teatre El Musical, pintándose las uñas de rojo. Se levanta en seguida a saludar, cercana, e invita a sentarse con una sonrisa amplia y tranquila, pese a quedar escasos cuarenta minutos para empezar el concierto. “No soy especialmente coqueta, la verdad, pero para los conciertos me encanta disfrazarme”, dice. “Mis ‘baúles de la Piquer’ vienen llenos, pero de disfraces. Traigo mucha ropa porque hay días que te miras y dices “¡Uy, hija!… ¡qué sosa!”, y te cambias”, ríe acompasada con el tintineo de su collar dorado y naranja que simula los corales.

Desde su etapa en Ojos de Brujo, proyecto en el que trabajó durante 14 años hasta su disolución, a Marinah se la reconoce a la legua por dos de sus elementos fetiche: “Soy muy “afrolailo”: me gusta mezclar lo afro con los lunares “lolailo”, ríe. Hoy tampoco ha olvidado ponerse uno de sus inconfundibles pañuelos en el pelo. Esta vez, negro. “¿Que cuántos pañuelos puedo tener? ¡Uh! Imagínate, tengo dos armarios solo de pañuelos. Tranquilamente 150, de todo el mundo. Algunos son simplemente retales”, cuenta batiendo las manos para que se seque el pintauñas lo antes posible. El tiempo corre, quedan 30 minutos para el concierto y en el hall la esperan ya amigos y vecinos de El Cabanyal, un barrio que para ella no es un lugar cualquiera.
Entrevista amb Marinah, Teatre El Musical

“El Cabanyal es un baluarte dentro de la resistencia valenciana. Antes de que me “secuestraran” Ojos de Brujo, yo vivía en Valencia y estaba muy implicada en el Centro Social Ocupado Pepica la Pilona. En aquella etapa ya existía la plataforma Salvem el Cabanyal y había mucha gente trabajando por el barrio”, recuerda. Su sensibilidad social y su mente inquieta no tardaron en hacer que Marinah gestara en Valencia sus primeros proyectos profesionales.

“En aquellos tiempos, creamos una compañía solo de mujeres, con 9 mujeres en el escenario. El espectáculo que hacíamos se llamaba ‘Esto no es una invitación a que me violes’ y tenía una estructura como de pasarela de moda con monólogos, texto, danza, música, coreografía y moda. En esa época, nosotras teníamos una cooperativa de serigrafía y reciclábamos enaguas en Ruzafa y los mercados. Para entonces, ibas por la calle en enaguas y te miraban como si fueras en bragas. Luego se pusieron de moda y las veías en Zara…”, recuerda divertida.

Desde el reciclaje de enaguas hasta ganar un Gramy Latino en 2006 al mejor disco de flamenco, ha habido mucho camino. Nitin Sawhney, Pepe Habichuela, Martirio, Asian Dub Foundation y tantas otras referencias han compartido trabajos e ilusiones con ella. Los conciertos en festivales de todo el mundo avalan la creatividad y el trabajo de una mujer que canta y compone.

“En España se paga caro ser creativa. Muchísimo. Hay muy poca apertura. No se entiende el arte y los cambios como parte de un proceso de una artista que tiene que exponerse y arriesgar. A veces la gente me dice “¡Ay! ¡Es que ya no haces lo mismo!” y yo les digo, “¡Claro que no!”. Pero la gente lo ve como algo malo, cuando prácticamente cada día que te levantas eres otra”, cuenta. La guitarra flamenca de Juan Gómez “Chicuelo”, su compañero de proyecto en este último disco, ‘Sintonías’, y el teclado de Carlos Sarduy (trompetista cubano ex Ojos de Brujo) empiezan a sonar en el camerino, bajo las luces amarillas de los espejos. Quedan 15 minutos. “Cuando se encienden las luces a mi alrededor y veo a todo el público delante… es que ¡me pone! Me gusta mirarles y luego recuerdo las caras, ¿eh?”, confiesa.

Hip-hop y músicas urbanas, flamenco, música electrónica, música cubana… la mezcla está en la base de sus proyectos. “En general, todo lo que es de ida y vuelta, de raíz, me gusta”, cuenta. Esa es en parte la razón que la llevó a dedicar su primer disco en solitario (El baile de las horas, 2013) al mar, los barcos y la exploración de fronteras. Unas fronteras que ahora le duelen.

“La situación de las fronteras en el Mediterráneo… no sé cómo explicarlo. No es algo intelectual, es algo que siento en el estómago y en el pecho. Una tristeza muy profunda. Conceptualmente es una aberración lo que está pasando. Sobre todo teniendo en cuenta que hace una generación nuestros padres estaban luchando contra Franco y les apaleaban. Y una generación más atrás, a nuestros abuelos los fusilaban”, critica.

El bombardeo de información y el inmovilismo de la era digital, para ella, son parte del problema. “Los medios de comunicación nos narran la historia que parece que no vaya contigo, que cada vez traspasa menos la piel. Y tiene que ver también con la sensación de que con darle a una tecla ya pienso que actúo en lugar de salir a la calle. Quienes gestionan e impulsan las redes sociales son los que quieren que todo siga igual. Está todo calculado como control social y como manera de aguante. Y funciona, porque hay temas que, hablando con cualquiera, entiende que son una barbaridad. Pero yo digo: “¡Venga! ¡Sal a la calle!”.

marinha-teatre-el-musical

La parálisis del sistema de asilo en España y la escasa llegada de refugiados le da especial rabia. “En Barcelona estuve en un grupo de apoyo a los refugiados donde ofrecíamos nuestras viviendas para acogerles. Pero no nos han dejado traerles. En el pueblo de mis padres, aquí en Valencia, consiguieron 80 casas. Eso habría permitido acoger a 80 familias, más de las que ha traído el Estado Español. No hay una voluntad política de solucionar la situación. La gente tiene más ganas de solucionar que los políticos”

Pese a todo ello, la música de Marinah sigue reivindicando la alegría. ¿Cómo se hace eso?. “Hoy en día la alegría es revolucionaria. Lo que es alucinante es que estando como está todo, no perdamos la sonrisa. Yo también he pasado un año que no veía la luz, de verdad… que pensaba, esto está para irse de aquí… Pero luego piensas, ¡Pues no! Vamos a organizarnos, a montar cooperativas y no comprar en grandes superficies, sino en el comercio de cercanía. Desde lo pequeñito, plantarle cara a lo grande, porque si lo piensas a lo grande lo hundes y no ves solución”.

La puerta del camerino suena. El concierto está a punto de comenzar.

@
%d bloggers like this: