“El gran logro de mi carrera es la independencia y la libertad” Maribel Quiñones, Martirio

Date : 12 November, 2016

Martirio, Teatre El Musical TEM

Maribel Quiñones (Huelva, 1954) ensaya sobre el escenario del Teatre El Musical las últimas canciones poco antes de su concierto. Reinier Elizarde al contrabajo, Daniel García a la batería y Jesús Lavilla al piano, tocan para ella, una mujer que vive cada verso, cada palabra y cada gesto, componiendo en imágenes una música de letras cotidianas.

La han definido como ‘folclórica estilo maruja insumisa’, flamenca… “¡Uy! Y me han definido como tonadillera posmoderna, folclórica punk… todos los nombres posibles, pero no solo eso, sino que en las tiendas no saben dónde colocarme. Me colocan en copla, en pop, en rock, en jazz, en flamenco… yo creo que soy bastante indefinible, toco muchos géneros”, cuenta Martirio en su camerino al terminar el concierto.

Maribel y Martirio llevan juntas media vida, separadas solo por unas gafas oscuras y una peineta. “Martirio es la que actúa y Maribel es la que piensa. Como si fuera un ‘álter ego’ que está creado por mí y dirigido únicamente por mí desde que empecé”, cuenta. Comparten la sensibilidad, la picardía y el humor como herramienta para mitigar los dolores y bailar las penas, con la vista siempre puesta en los seres humanos. “Maribel es una persona bastante anónima y Martirio es la que cuenta todo lo que Maribel ve, piensa o quiere. Sobre todo para la gente, para conectar con el público, para que conecten con sus propios sentimientos y pensar que el mundo es mejor de lo que es”.

Cuando persona y personaje se encontraron supieron que vivirían juntas. “Fue en el tiempo que yo formaba parte del grupo de Kiko [Veneno] con Rafael y Raimundo [Amador], Pata Negra. Venía también de Jarcha y me di cuenta de que tenía muchas ganas de crear un lenguaje propio y un personaje teatral, que a mí me gusta mucho el teatro. Fue dándose muy poco a poco, de una manera muy ‘disfrutona’ y muy telúrica también”, recuerda.

“Soy una mujer del sur de las cosas, que me encanta la música de verdad, la música que transforma y que ayuda a vivir tanto en la alegría como en la tristeza. Creo que tengo una carrera muy honesta…”

La noche otoñal de Valencia ha llegado pronto y a las ocho y media de la tarde, más de 400 personas esperan ya en el teatro. Un concierto con lleno total para escuchar el repaso a sus 30 años de carrera musical. “No sé, no me parece que haya pasado tanto tiempo… ¿sabes? Esos 30 años no llegan ni a pesarme tanto como pueda parecer y ¡mira que yo llevo peso por todos los lados porque mira que arrastro yo maletas!”, ríe en el camerino mirando a Inma, su road manager.

Concert Martirio, Teatre El Musical TEM

Empieza el concierto. Martirio entra en escena. Aplausos al verla salir al escenario, vestida con una sonrisa y una túnica negra estampada con flores rojas. “Algunos corazones estremecidos se van a estremecer conmigo porque yo soy muy cachonda pero cuando me pongo triste… ¡buah! Miedo doy”, advierte entre las risas del público. “Espero que salgáis con una ducha por dentro y con una sonrisa”, dice justo antes del primer acorde de ‘Madurito interesante’, canción de su primer disco en solitario de 1986.

“Soy una mujer del sur de las cosas, que me encanta la música de verdad, la música que transforma y que ayuda a vivir tanto en la alegría como en la tristeza. Creo que tengo una carrera muy honesta y una vocación a prueba de bombas y la música es el lugar donde yo me siento más feliz. Y la que me ha dado todo el enriquecimiento al que puede aspirar una mujer, o una persona: me ha regalado paisajes, comida, personas, países y experiencias de todo tipo. Estoy muy agradecida a la vida por haberme dado esta vocación y esta fe tan grande”, cuenta.

Sus canciones, con gran sensibilidad social, hablan de amor, de desamor, de abandono, y también de hastío. Su primer disco en solitario, publicado en 1986 se llamó ‘Estoy mala’ y tres décadas después, Martirio sigue “poniéndose mala” por muchas cosas.

“Hoy me ha puesto bastante mal que se haya muerto Leonard Cohen porque es uno de mis ídolos totales. Me ha dado muchísima pena. En Estados Unidos, no puedo comprender lo que ha pasado para que haya ganado las elecciones Trump. Me da mucho miedo lo que pueda pasar. Y luego la injusticia, la intolerancia, la humillación, el racismo… [resolpla] Yo creo que todo lo que no nos gusta a ninguno, ¿no? Todo lo que hace atrasar el crecimiento del ser humano. Eso es lo que me pone mala”.

“Me gusta mucho observar a la gente. Me gusta meterme en el metro… y tener un personaje me permite ser yo misma y eso me gusta porque yo me nutro de la gente”

En sus silencios, en sus medias voces y en sus guiños la empatía de Maribel se revela. “Nos han enseñado fatal pero estamos aprendiendo mucho para ser felices”, dice entre los aplausos del público. “Qué a gusto se vive dejando vivir”, afirma mientras decenas de personas asienten en sus butacas.

“Yo sigo muy pegada a la realidad. Ten en cuenta que a mí no me conoce nadie por la calle. Y yo voy al mercado, que me encanta porque me he criado al lado de uno. Me encanta el festival teatral que existe allí y por qué un puesto está lleno y otro está vacío. Seguramente sea porque depende mucho del señor o la señora que despache. Me gusta mucho observar a la gente. Me gusta meterme en el metro… y tener un personaje me permite ser yo misma y eso me gusta porque yo me nutro de la gente”, relata. Una nutrición que le ha llevado a conocer y trabajar con algunos de los artistas internacionales más reputados en el flamenco, el jazz y la música latinoamericana.

Durante el concierto, Martirio recuerda y agradece con besos al aire a todos sus referentes y amigos. Chavela Vargas, Compay Segundo, Omara Portuondo, Chano Domínguez… Un rosario de agradecimientos que crece año a año. “Le echo mucho de comer a la niña que llevo dentro. Mucho. No estoy segura de nada, no tengo la sensación de haber llegado a ninguna meta, no estoy pasada de nada, no soy nada diva… Como soy una eterna aprendiza, no me da miedo. Me da mucha alegría que por fin la gente me comprenda y creo que por fin me tienen algo de cariño”, analiza.

“El miedo no se puede obviar, es de las personas inteligentes. Otra cosa es que te quedes en él o que lo pases. Pero una vez que lo pasas…”

Coplas, boleros, jazz, sevillanas… Martirio se atreve con todo y se convierte por un segundo en Gilda al quitarse las gafas mientras canta sobre el escenario un íntimo ‘Ojos verdes’. Lanzarse con ‘La bien pagá’ en inglés mete en su bolsillo al público de un plumazo.

Concert Martirio, Teatre El Musical TEM“Yo tengo mucho miedo, ¿eh? Pero a pesar del miedo hago las cosas. La gran maestra es la intuición y lo que yo siento en la barriga. Y voy a por ello. Aunque tenga más miedo que vergüenza. El miedo no se puede obviar, es de las personas inteligentes. Otra cosa es que te quedes en él o que lo pases. Pero una vez que lo pasas… ¡Pues viene otro miedo! ¡Otro distinto!”, ríe. “No entiendo a esa gente que está segura. A ningún nivel. Porque todo es tan distinto todos los días… y tú eres tan distinta todos los días… Hasta el público es distinto”.

Un público que la ha apoyado para ser quien ella ha querido. “El gran logro de mi carrera es la independencia y la libertad, con lo cual he perdido algunas cosas pero he ganado otras muy importantes. Sí, seguramente, he hecho lo que he querido y si alguna cosa he perdido ha sido a nivel económico que eso no tiene ningún valor”, cuenta.

El concierto termina como empezó, agradeciendo. “Muchísima felicidad, mucha alegría y mucha salud para todos y todas”, dice con el patio de butacas en pie. ¿Qué as en la manga guardará Martirio para sus próximos 30 años? “No tengo ningún as en la manga. El único que tengo es pedirle al universo y a mis santos que no se me apague la luz, que tenga ganas y que me pueda seguir dando. Entregando”.

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