“Una de las situaciones más hermosas que podemos disfrutar desde el arte es el encuentro con lo inusitado, con lo inesperado y que eso genere incomodidad”

Date : 10 October, 2018

Encontramos a Javier Martín en el escenario tras la muestra abierta con la que ha concluido su workshop “Cuerpo y vibración” el primero de la programación de formación que ofrece este curso el Teatre El Musical junto con la plataforma Diàleg Obert. Tras concluir una pequeña charla con asistentes a la muestra y alumnos del taller nos atiende encantado de poder profundizar y dar a conocer lo que ha sido su experiencia en el TEM.

¿Qué tal ha ido el workshop “Cuerpo y vibración” que has impartido esta semana?

Ha sido muy interesante poder trabajar con un grupo de  interesados en la performance que se quieren profundizar en el lenguaje del movimiento para asumir herramientas que les sirvan en su práctica escénica. En este caso he encontrado muchos alumnos de Bartolome Ferrando que es para mí uno de los mejores artistas de este país. Me ha sorprendido de los alumnos la facilidad para el cuestionamiento de las propuestas, el desarrollo crítico y eso es muy bueno porque mantiene vivo los formatos de los ejercicios.

La mezcla de disciplinas ha debido de crear una sinergia muy positiva ¿no?

Para los retos que nos trae la contemporaneidad no solo en arte sino en ciencia y en otras ramas del saber, el ejercicio de trabajar sinérgicamente nos sitúa en un lugar en el que distintas facetas del conocimiento experto pueden trabajar juntos y así activar varios asuntos que pueden resultar problemáticos que desde una sola faceta no somos capaces de abordar. En las artes escénicas esto se está acometiendo desde hace bastante tiempo, está empezando a encontrar su lugar en las instituciones y un público. Este país debe activarse ya, estamos en un buen momento para acelerar este punto.

¿Por qué crees que es un buen momento?

Porque es un fenómeno irreversible y a las administraciones no les queda otro remedio que apostar por ello. Es evidente que en la mayor parte de los teatros de este país el ejercicio de gestión adolece por todos lados. Es importante que se acometan estrategias de trabajo que sean más generosas porque dedicarse exclusivamente a la exhibición es una forma de relacionarse con el contexto poco generoso.  Hay que crearlo ¿cómo se crea? Interviniendo, proponiendo, desarrollando diferentes estrategias investigadoras, pedagógicas, desarrollando residencias de trabajo, dando vida y no desde un lugar cómodo. El papel de la dirección artística tiene que entrar mucho más en los espacios públicos, ojo no digo en todos, pero sí que tiene que haber diversidad y entender que un gestor no está preparado para programar. Hay una cosa que es la gestión y otra que es la dirección y si un teatro quiere interlocutar con su contexto y ser como espacio público, un medio hábil para la construcción de la sociedad, tiene que tener un plan y eso solo lo puede hacer alguien que quiera acometerlo y que tenga una idea detrás.

Vivimos en un contexto en el que casi todo es  cultura metodológica. Las piezas que salen adelante son aquellas que pueden ser formateadas por los concursos, convocatorias o procedimientos administrativos ¿dónde está la singularidad y la potencia de las piezas? ¿qué hueco tienen? Muy poco. Necesitamos instituciones como por ejemplo la Universidad que empiecen a crear conocimiento práctico que podamos emplear, que deje de mercantilizarse y se cree un ámbito de conocimiento que sea el que valide las prácticas artísticas y no el formateo institucional atendiendo a una serie de indicadores que vienen de hace 30 años.

Javier Martín. Teatre El Musical.

¿Por qué escogiste la improvisación como foco principal de tus investigaciones?

La improvisación es un ejercicio de madurez en el escenario. Dice Baudrillard que la improvisación no es un arte de estructuras sino de texturas. A mí me interesa atravesar distintas formas y moverme en un lugar en el que las texturas a nivel de movimiento se revelen, acontezcan cuando entren en contacto con el espectador en el rito escénico. El ejercicio de la improvisación me acerca más a las sutilezas del movimiento y por eso me interesan más.

¿Qué diferencia hay, más allá de la obvia, entre un trabajo con coreografía y otro improvisado?

La coreografía tiende a la representación, la improvisación por el contrario hacia el acontecimiento, se revela, sucede. Es un hecho singular que se muestra por primera vez, las coreografías están vivas, cambian, a mí me gusta eso.

¿Qué influye en el cambio?

La investigación que sostiene el discurso de la obra y el ejercicio más troncal que desarrollo yo como investigador. Digamos que yo tengo un trabajo de investigación de corte epistemológico de creación de conocimiento en las artes y ciencias del movimiento. A lo largo del tiempo vas encontrado distintas fugas en las diferentes coreografías y trabajos que desarrollo. A su vez esas fugas enriquecen el itinerario de investigación que desarrollo desde hace 17 años con 33 coreografías en mi haber.

Incorporas al público en tu proceso de creación, cuéntanos la experiencia. ¿Cómo nace la idea de que la gente debe estar presente en ese momento?

Desde hace mucho tiempo, estoy interesado en los procesos informáticos de código abierto. A raíz de esta idea me plantee como sería trabajar de la misma forma en el ámbito de la danza, cómo ser poroso en el discurso de una obra. He tenido mucha suerte porque he tenido la oportunidad de generar en mi entorno grupos de trabajo numerosos  de capas de conocimiento experto, o lo que se puede llamar una ciencia intermedia o de gente que su trae su pasión para generar disonancias en estos procesos de investigación.

¿Trabajar con la participación del público en los procesos creativos es una ventaja a la hora de la aceptación de un trabajo por parte del gran público?  

No necesariamente porque cuando nos ponemos a investigar en serio ponemos a prueba nuestros propios gustos. Luego los contenidos que ponemos a declinar encima de un escenario precisamente resultan extraños y a mí me interesan mucho esas aberraciones, los movimientos anormales que se llama en neurociencia, me interesa ponerlas a vibrar en el escenario y ver como sostienen otros paradigmas de realidad. Para mí es de las situaciones más hermosas que podemos disfrutar desde el arte, el encuentro con lo inusitado con lo inesperado y que eso genere incomodidad. A veces el asumir una película por ejemplo a mí me pasó con “Rocco y sus hermanos”, la primera vez que la vi no me gustó, no la entendí y la maldije. Sin embrago años después me volví a encontrar con ella y me reconcilié y me dio la información que necesitaba.

Javier Martín. Teatre El Musical

¿Cómo un licenciado en Química decide dedicarse a la danza?

Fue a raíz de ver en directo una obra de Cesc Gelabert. Cesc es un genio que ha cambiado ya varias veces el paradigma de la danza contemporánea. El trabajo que entrega es de un nivel que pocas personas en este mundo consiguen. Yo me acerqué al Teatro Galán de joven a verle bailar y me interesó su práctica escénica, vi cosas y sentí que podía reproducirlo. Era joven y no sabía en el berenjenal en el que me estaba metiendo (sonríe).

¿Por qué es tan importante para ti la iluminación?

Trabajo desde hace 14 años con el iluminador de escena Octavio Más que me encanta porque es como un performer de luz. Sus diseños de luz para mis piezas son como un universo de posibilidades que se activan en el directo conmigo. El juego de la improvisación que se desarrolle desde la luz recoge algunos momentos cuando es necesario, amplía otros, enfoca la atención del espectador suma información. Octavio es creador con luz y a mí eso me interesaba porque siento que en las piezas que tienen que ver con la estructura teatral el que la luz pueda acompañar y construir lo que sucede es especialmente relevante de cara a la efectividad y la impronta en la memoria del espectador. Me siento afortunado porque en su día Octavio hizo una apuesta por mí cuando empezaba. Después de tantos años hemos construido un lugar de encuentro que se activa cada vez que trabajamos una pieza.

Javier Martín, después de una actuación, se marcha satisfecho si el espectador se ha quedado ¿con qué sensación?

Esa es una pregunta difícil. Me resulta raro obligar a alguien a vivir las cosas como las vivo yo. Siento que el ejercicio estético, la obra de arte, es una intensificación de lo que llamamos realidad que está más allá del creador que lo ejecuta, es un proceso vivo. Sitúas contenidos, ideas, sensaciones, movimientos pero llega un momento que la pieza te pide y la mirada del espectador sostiene el acontecimiento dancístico con su intención y atención. El rol de creador se ve un poco difuminado cuando hay ejercicios que son acontecimiento. El rol del espectador también porque hay modos de adentrarse en una pieza que son muy creativos. De todas formas la teoría de que cualquier interpretación de una obra de arte es válida no me tranquiliza porque puede favorecer el desencuentro.

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