“La performance es un arte vivo. Es la libertad absoluta”, Monika Günter

Date : 28 December, 2016

Entrevista a Monika Günther, artista performer, TEM

Entrevistamos a Monika Günther, artista performer, a su paso por los talleres FormaTEM en el Teatre El Musical del Cabanyal.

Es difícil coincidir en tiempo y espacio con la performer alemana Monika Günther (Bad Hersfeld, Alemania, 1944), pero aquí está, sentada en la cafetería del Teatre el Musical del Cabanyal. “La verdad es que no sé dónde estaré en el próximo año. Tengo dos invitaciones para Roma y Suiza y acabamos de volver de China”, cuenta en este mediodía invernal. Acaba de terminar la segunda sesión del taller FormaTEM de performance y los asistentes están emocionados. Ella también. “Tienen una energía, una fuerza… ¡se nota que sois latinos!”, decía momentos antes viendo moverse a los alumnos y alumnas. Monika Günther forma parte de esa generación de performers que con acciones simples y poéticas generan un ambiente intimista, explorando la percepción sensorial. En su mochila guarda pequeños papeles, recortes de prensa, frases, notas, tarjetas… un montón de analógicas memorias ordenadas meticulosamente con las que apoya su discurso, con voz dulce y lleno de gestos y onomatopeyas. Paciente, risueña y bromista, Günther lleva 36 años dedicada a la performance, los últimos 21 junto a su marido, el sueco Ruedi Shill. Charlamos con ella para conocer más a fondo su trabajo.

Pregunta: Es difícil encontrar entrevistas tuyas. ¿Quién és Monika Günther?

Respuesta: Nací en 1944 en Alemania en el este. Estudié durante 5 años en la Academia de Arte de Düseldorf y después fui freelance. Tuve que hacer muchos trabajos para sobrevivir. Después me examiné para ser profesora de arte y me dediqué a ello siete años antes de ser totalmente freelance. Empecé a pintar y dibujar y en 1980 empecé con la performance gracias a un buen profesor que tuve un taller. Fue él quien me animó a continuar con ello y me siento muy afortunada de haber encontrado aquel curso. Aunque hacía varias cosas, la performance era cada vez más importante para mí y en un momento dado sentí muy claramente que tenía que dejarlo todo. Entonces vivía en Essen (Alemania). Empecé a hacer performances en museos y espacios públicos. Hice una performance en un jardín vacío en medio de la ciudad. Había coches alrededor y peatones… Llevé unas viejas piedras para hacer pequeños montículos y planté algunas plantas y pequeños arbolitos. A día de hoy, 31 años después, es realmente un bosque con árboles altísimos. En estos años han intentado cortarlo 5 veces. Pero allí está. Es increíble.

Entrevista a Monika Günther, artista performer, TEM

P: Has vivido la historia reciente de la performance y conoces a artistas de todo el mundo ¿cómo ha evolucionado este arte?

R: En los 70, los performers eran más duros con su cuerpo. Con más sangre, en su manera de elegir los objetos… Ahora es menos agresivo contra ellos mismos. A veces no estoy muy contenta porque ahora hay mucha gente haciendo performance y en ocasiones la calidad no es tan alta como nos gustaría. Pero luego ves mucha gente con muy buenas ideas, que es justo lo que yo quiero. Creando ideas, no solo cosas espontáneas sino con contenido detrás. Y eso es maravilloso. Los performers no estamos abandonados en una galería o un museo. Muchos performers organizan festivales y nos llaman, somos invitados por universidades… Somos una red. Y tenemos muy buenos amigos los performers en todo el mundo y eso es algo que los pintores y los escultores envidian de nosotros.

P: ¿Tu forma de hacer performance también ha cambiado?

R: Al principio teníamos un autobús grande lleno de material. Cuando mi marido dejó de trabajar en la Escuela Superior de Arte, tuvimos que salir sin coche y cambiamos de objetos porque teníamos que llevarlos en nuestro equipaje. Así que cada vez fuimos abandonando más y más cosas y haciéndolo cada vez más y más pequeño hasta quedarnos en esto [ríe asiendo un trozo de papel]. ¡Es magnífico! Todo el mundo tiene un trozo de tela. No fue solo cuestión de no tener coche fue una cuestión de concentración. Hacemos performance incluso sin ningún objeto. La primera invitación para participar en un festival fue en 2004. Nuestro desarrollo fue muy lento. Empecé a hacer performance con 35 años, pequeñas piezas. Pero una vez empiezas, no puedes parar.

P: ¿Ahora es más concentrada, pero cómo era antes?

R: No es que antes fuera menos concentrada, pero cuando ves el desarrollo… Pues mira, sencillamente no sabíamos lo que hacíamos. No teníamos ni idea. [Ríe a carcajadas] Veíamos material y decíamos: “¡vale!”. Y lo integrábamos solo por divertirnos. Eran un poco absurdas, eso siempre. Decíamos: ¿Pero por qué con ese material?… ¡Pues no lo sé! [ríe] Todo respondía a la curiosidad, a esa gran libertad y quizá ese sea nuestro mensaje. Permanecer un poco como un niño que crece. Vagabundos. Siempre en crecimiento.

P: Vivimos en un mundo cibernético donde casi todo se ha convertido en un show. ¿Crees que la performance necesita que evolucionar y hacerse más digital?

R: No. La performance es un arte en vivo. El arte en vivo no es posible digitalizarlo. Cuando haces un vídeo de un arte en vivo, es otra cosa. Si haces vídeo, hay una elección de qué grabar. Si haces fotos, muestras solo una parte. Pero nunca conseguirás nada igual a un arte en vivo. Es muy importante para aprender tener ese material, por supuesto, pero nunca será lo mismo. ¿Por qué lo hacemos en directo? En Japón a las personas como yo nos llaman wabi sabi. Es como creer que las cosas auténticas tienen valor, las cosas sin transformar, orgánicas. Las artes en vivo son ahora más necesarias que nunca precisamente por la virtualización del mundo. Vuestro teatro es muy importante precisamente por eso. Porque está vivo, porque es real. Es ridículo comparar un concierto en directo con un cd.

“Una buena performance es como un tatuaje. No la olvidas nunca”.

P: ¿Nos ha cambiado como sociedad este mundo digital?

R: Cuando la gente responde en Facebook es bueno y por otro lado no lo es. Es siempre una respuesta sin reflexión. Siempre es muy rápido. Tenemos que reflexionar sobre las cosas que oímos y vemos. En internet vemos algo y respondemos de forma muy rápida y muy superficial. Me gusta. Y punto. A mí me gustan los libros difíciles, los que tengo que leer dos o tres veces. Y todo esto no es una cuestión de edad. Trabajo con gente joven y me gusta hacerlo porque me dan ideas que no son las mías. Eso es muy importante para mí.

P: ¿Qué significa la performance para ti?

Entrevista a Monika Günther, artista performer, TEMR: Ser absolutamente libre. Una buena performance es como un tatuaje. No la olvidas nunca. Aunque bueno, algunas malas performances también se te graban, porque… uf… [Ríe] Una vez estábamos en Grecia porque habíamos sido invitados a un festival. Por la mañana, visitando la ciudad de Tesalónica, compramos una campana, un pequeño cencerro para las cabras. Era muy pesada y el señor de la tienda nos la envolvió en papel y en plástico… Perfectamente envuelta. Durante el taller, alguien preguntó qué era la performance. Levanté la mano, pidiendo la palabra para responder y cuando me llegó el micrófono, mi marido lo sujetó y grabó el sonido de cómo yo desenvolvía el paquete. Luego puso el micro en el cencerro, sin que emitiera ningún sonido. Esa fue nuestra respuesta. En otra ocasión estábamos en Tailandia. Un día fuimos a un parque y vimos el lugar donde teníamos que hacer la performance. Nos dimos cuenta de que exactamente a las seis de la tarde, cada día, llegaba una bandada brutal de pájaros que venían a dormir a esos árboles haciendo un sonido ensordecedor. Era como fuegos artificiales, un estruendo enorme. Y decidimos hacer esa performance. Cogimos dos trozos de seda roja y Ruedi y yo nos fuimos acercando lentamente cada uno desde un extremo del paseo hasta juntarnos justo a las seis de la tarde en los árboles, coincidiendo con la llegada de los pájaros. Fue maravilloso.

P: Si la performance es arte en vivo y es libertad ¿qué piensas de que Marina Abramovich quiera hacer un museo de la performance en Chicago?

R: Está bien hacer un museo. Ella es una mujer muy dominante. Es muy interesante pero domina. La idea puede ser buena si el museo muestra las diferentes maneras de hacer performance, si es amplio, no si muestra solo el modo Abramovich. Los festivales ahora son más abiertos, tienen cosas que decir a la audiencia y el museo yo creo que debería ser así. De cualquier manera, un museo puede estar bien.

“La instrucción no es para mí. Tengo que ser libre. Cuando veo un grupo, encuentro un programa diferente para cada grupo”.

P: Estos últimos años has puesto esfuerzo, imaginación y amor en enseñar a otras personas el arte de la performance y has sido directora artística del festival International Performance Art Turbine Giswil (Suiza) durante más de una década. ¿Por qué es importante para ti la transmisión del arte de la performance?

R: Me encanta hacer workshops. Este es el tercer workshop que hacemos este año y el de Valencia es el mejor de los talleres que he hecho este año. Por su temperamento. Los performers han venido llenos de ideas. Yo decía una frase y ellos arrancaban de inmediato. Había una persona china, argentina, brasileña, chilena… En China ha estado bien pero aquí ha sido muy interesante. Hago cada taller como si fuese una nueva performance, cada día cambia, no tengo una razón basada en cuestiones escolares, de esas que odio. Del estilo de “pues primero tienes que hacer esto, luego esto y luego esto”. La instrucción no es para mí. Tengo que ser libre. Cuando veo un grupo, encuentro un programa diferente para cada grupo. Y encuentro uno nuevo cada día. Cuando llego a un taller llevo algunas ideas pero el grupo cambia. No se puede hacer un programa formativo fijo. Cada cosa que mi marido y yo hacemos lo hacemos por el arte. Sea promocionar artistas en nuestra galería, los workshops… Durante años hemos estado haciendo un festival en una enorme turbina eléctrica abandonada. Cuando hacíamos el festival, que empezamos en 1998 hasta el 2012 venían muchísimos artistas con sus caravanas y tuvimos que hacer un parón durante tres años hasta que traspasamos la dirección a otro artista más joven. Hemos tenido una galería sin ánimo de lucro durante 45 años y estuvimos haciendo instalaciones y acabamos dejando el festival porque era demasiado para nosotros. Estoy un poquito mayor para hacerlo todo al mismo tiempo. Cuando eres más mayor no puedes hacer circo, ni acrobacias. ¿Sabes? Tienes que hacer cosas más profundas. Pero trabajaré hasta que me muera. Siempre en la performance.

Entrevista a Monika Günther, artista performer, TEM

P: Si volvieras a nacer ¿elegirías de nuevo ser performer o serías otra cosa?

R: Pues no sé si quiero tener otra vida, la verdad. Con una ya está siendo suficiente [ríe].

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