“En mis trabajos trato de poner la pantalla en blanco para que cada uno proyecte en ella su propia película”

Date : 20 June, 2019

Llegamos a su clase. Nos la encontramos hablando con una de sus alumnas del workshop que está impartiendo en El Musical sobre la “Gramática del movimiento”. Esperamos a que termine y nos presentamos. Su rostro transmite serenidad y satisfacción. Da la sensación de que está disfrutando la semana. Nos sentamos en una silla en la misma sala de ensayos donde está impartiendo el taller y lanzamos a Mónica Valenciano la primera pregunta.

¿Qué tal la experiencia en el workshop que estás impartiendo en en Teatre El Musical?
Me he sorprendido porque me he encontrado un grupo que se ha hecho muy compacto, que ha superado barreras y que enseguida se ha abierto. Uno llega y no sabe qué se va a encontrar. El objetivo siempre es que los participantes se abran y que los cuerpos vayan conectando, vayan encontrando su respiración con el movimiento, con su voz. Hay veces que no es fácil al venir como es el caso de disciplinas distintas. Todos tienen relación con el cuerpo pero de lugares muy diferentes. Unificar la orquesta para que empiece a fluir una música no es fácil y es siempre una sorpresa cuando te enfrentas a esto para armonizar y todos encuentren su voz y su escritura. Estoy muy contenta porque desde el primer día hemos buscado abrir los sentidos para poder crear desde distintos puntos de vista algo en común y dejar fluir libremente la energía. Hemos tratado en primer lugar de eliminar los obstáculos del cuerpo, la respiración con el movimiento con el sonido y la voz del cuerpo. Luego hemos trabajado improvisación con materiales que ellos mismos han rescatado a partir de las herramientas que yo les he ido dando. Cada herramienta es como una llave que abre un espacio de creatividad. En cada uno de ellos debemos ser capaces de proyectar determinadas cosas. Me he encontrado una muy buena orquesta, suena muy bien, entre todos hemos conseguido crear un vínculo muy fluido y se ha hecho con naturalidad.

La muestra del domingo ¿ya tenéis pensado lo que vais a hacer?
Es pronto porque llevamos pocos días de trabajo pero sí que tengo algo en la cabeza teniendo en cuenta el itinerario por el que vamos circulando durante el curso, con los materiales, con algunas herramientas, con posiciones que ellos van creando. Ahora hay que darle un cuerpo a eso para que pueda leerse pero cada día es una sorpresa para mí misma. El tiempo pasa rápido y a la vez descubrir e intentar expandir lleva tiempo por eso tengo un pulso yo misma para ver como lo configuro. Lo interesante de una muestra es saber cuál es el nivel de la situación y poder ponerse a ese mismo nivel. La gente debe ser consciente que viene a ver un espectáculo que no está terminado. A mí por ejemplo me cuesta un año o año y medio terminar una pieza. En este caso la situación es que la gente viene a ver la evolución de un taller después de cinco días y vamos a compartir el itinerario de algunas cosas rescatadas de los cinco días. Espero que la gente sepa verlo porque es muy interesante. Es como una ecografía de un bebé, ver como cada uno se va abriendo paso con los materiales. Está bien que la gente pueda entrar en ese espacio de creación donde se está cocinando el plato.

Monica Valenciano en El Musical 1

Tanto para ti como para ellos será ver cómo ha evolucionado cada uno en estos cinco días ¿no?
Seguro. Habrá muchas cosas que pueden sorprender al público pero yo tengo más información y veo de dónde vienen, de todo el proceso aunque se presente como una aparición que está ahí revelándose de alguna manera. Digamos que podría ser el rodaje de una película que estas primero probando cosas y que luego hay que editarla. En este caso la muestra sería como asistir al rodaje.

Eres una de las pioneras de la danza contemporánea ¿Encontraste mucha incomprensión en ese momento en el que junto con otras compañeras decidiste romper con lo que se había hecho siempre?
Totalmente, no existía nada como lo que hacíamos. Rompíamos con lo que se estaba haciendo, musical, danza clásica o teatro, era un sacrilegio incluso en la formación. Yo estudié ballet durante 15 años y allí me decían que era actriz. Yo presentaba piezas propias y me dijeron que en teatro sería genial. Fui a estudiar arte dramático y me decían que era una excelente bailarina pero que no era actriz. No encajaba en ninguna parte. Terminé todos los estudios y lo que hice fue estudiar boxeo y tiro con arco luego me fui a China a estudiar artes marciales. Estuve buscando por el mundo porque tienes que inventar un lugar que no existe y te llega la crisis porque piensas ¿y yo dónde me pongo?

Al tiempo escribí un proyecto, lo presenté en la escuela de Bellas Artes y me lo cogieron, era la primera vez que me dijeron sí y fue una alegría porque había escuchado siempre no de todas las formas posibles. Me dejaron una sala que era estupenda y no me lo podía creer. Podía estar allí solo trabajando durante horas y pudiendo ir abriéndome, metiendo en la batidora todo lo que había aprendido. De ahí nació una semilla de algo. Cada tres meses hacíamos muestras en público de lo que habías trabajado y entre lo que podía coger de ellos, también vino Roger Salas el que era crítico de El País me dijo que si quería bailar en un festival con gente de Madrid y Barcelona, empezaron a llamarme a hacer cosas, para representar mi primera pieza. Y poco a poco ha sido como una flor que se abrió y que se ha ramificado hasta hoy.

¿Siempre has dedicado parte de tu tiempo a impartir talleres?
Pues con el tiempo tuve una nueva crisis. Volví a Canarias, me dediqué un tiempo a pintar. En ese momento había una chica que trabajaba conmigo llevándome algunas cosas de producción y con ella empezamos con un pequeño taller que cada vez se hizo más grande. Algunos de estos alumnos se vinieron a Madrid y creamos el Bailadero que es para mí el lugar en el que se dialoga con el lenguaje y que todos vamos haciendo que crezca. Me transformé como persona, como bailarina y como ser vivo.

¿Cómo ha evolucionado la danza contemporánea? ¿Ha evolucionado como tú creías?
Yo creo que en Madrid en concreto hubo una serie de seres con dificultades de estar en el mundo y de ahí surgió. Nos unimos en un proyecto, éramos muy diferentes. Eso fue otra liberación pensar que había gente como yo. Cuando me encontré con ellos fue otra floración. Nos proponían hacer talleres concretos, cada una trabajaba con un grupo. Pensábamos que no iba a venir nadie porque no trabajábamos las disciplinas que todo el mundo conocía en ese momento. Nos sorprendimos porque en la primera invitación aparecieron 40 personas. Unas venían del teatro hartos de eso, bailarines que buscaban algo diferente y apareció mucha gente. No teníamos una formulación para transmitir las ideas y crear el puente hacía las demás personas. A partir de ahí se empezó a abrir.

Reconozco que no pensaba en la evolución que iba a tener en ese momento. En cualquier caso siempre es un proceso muy lento y se vuelven a reproducir los corsés. Es como la política parece que va y luego vuelve y se vuelve a crear una corriente, una moda. Dejamos semilla pero ¿qué es lo que permanece? Estamos además ahora en una revolución digital que está haciendo que todo cambie de forma rápida. Antes se dedicaba mucho tiempo a profundizar a cavar en una mina buscando las raíces de las cosas y luego eso conformarlo. Ahora se va a un curso de cuatro días, luego a otro, se conocen muchas cosas en una amplitud muy grande pero poca profundidad. Es normal que haya fascinación por la velocidad pero hay que reflexionar sobre hasta qué punto el sistema nos está comiendo la profundidad de las cosas. Lo interesante siempre está más abajo. No niego también ese espacio, lo que debía de haber es un equilibrio.

Monica Valenciano en El Musical 2

Como has contado antes, durante tu proceso de formación vas a Barcelona a estudiar danza y te dijeron que eras actriz. Fuiste a Madrid a estudiar arte dramático y te dijeron que eras una bailarina. Después de todo este tiempo ¿qué es hoy Mónica Valenciano?
Aspiro a desaparecer cada vez mejor. Como dice Borges al principio uno es todo el mundo. Todo te vale, todo lo curiosea hasta que aparece un camino que crees que es tu camino, que te va dando pistas y por donde va entrando también el camino en ti. Si atraviesas eso eres tú mismo dentro del camino y tu manera de hacer es distinta. Si superas eso vuelves a ser todo el mundo con plenitud.

En 2012 te dan el Premio Nacional de Danza ¿Qué ha supuesto ese momento para ti?
Al principio pensé que era una broma. Estaba en el campo en casa de una amiga. Sonó el teléfono y una voz me comunicó que era el Premio Nacional de Danza. Le colgué pensando que era el día de los inocentes. A la media hora volvieron a llamar. Era alguien del Ministerio. En ese momento descarté la broma pero pensé que podría ser un error, una equivocación. Me dieron todos los datos y comprobé que era verdad. Me pareció una cosa muy sorprendente de la vida. Yo, que no había encajado nunca en ningún sitio, ser un poco todo el mundo y menos yo. También tuve la sensación de que era una manera de reconocimiento a todo el proceso tan solitario, me sentí más acompañada.

¿Pensaste que por fin se entendía tu trabajo?
No tanto. Es apasionante ver las reacciones después de una pieza. En mis trabajos trato de poner una pantalla en blanco para que cada uno proyecte su película. Hay veces que si no se parece a nada, la gente se cierra e incluso puede encontrar alguna pieza como irreverente. Es hermoso, hay gente que se levanta y se va, gente que se ríe, que se emociona que no sabe si reírse o no, todo eso forma parte de la pieza. Disfruto mucho cuando veo que viajo con la gente y ellos viajan conmigo. Lo voy sintiendo porque lo voy notando por la respiración de la gente y esa comunicación se va produciendo porque todos los trabajos tienen fisuras al presente continuo, a lo que está sucediendo. Me resulta muy gratificante la respuesta de la gente cuando les implico en el trabajo. Ese es mi trabajo, que la gente, sin darse cuenta, se abra y entre en ese viaje, en ese juego.

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